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La tormenta perfecta

La actual crisis económica y de producción es fruto de una política económica que decidió dejar en manos del gran capital las principales decisiones de inversión. Luego de años de crecimiento acelerado en que los empresarios la “han juntado con pala”, el resultado es crisis devaluatoria, industrialización trunca y regresividad distributiva.

Como remedio, y para no salirse del modelo, la presidenta ha apelado a la solidaridad del capital local-transnacionalizado: los ha invitado a invertir apostando por el país.
La respuesta ha sido clara: desinversión y fuga, acaparamiento de mercancías y atesoramiento especulativo de divisas.

Un párrafo especial merece la industria automotriz, niña mimada del modelo neo-desarrollista. El Kirchnerismo apostó por ella como motor industrial de un CAPITALISMO SERIO en Argentina a pesar de que es una industria altamente dependiente de insumos importados. Por esa razón es la primera en mostrar los limites estructurales de todo el modelo. La crisis automotriz, que llegó para quedarse, tiene estas vertientes.

1    La devaluación.
El componente de autopartes de los vehículos es esencialmente importado, por lo tanto con la devaluación hubo un aumento importante en el valor final. Esta cuestión es un problema estructural del sector automotriz.

2    El impuesto a los autos de alta gama.
A comienzos de este año se implementó un impuesto a los autos de alta gama, que alcanzaba sobre todo a los importados. Con la devaluación y la suba de precios generalizada fueron alcanzados también autos producidos en el país. En el 2013 se vendieron 100.000 autos importados de alta gama, en lo que va del año solo 100. Si bien esos son autos importados y no afectan a la producción nacional, muestra como está el mercado.

3    Caída del poder adquisitivo.
La devaluación trajo como consecuencia directa una caída abrupta en los niveles salariales. Sumada a una inflación incontrolada, a una sensación generalizada de que la economía se achica y que se puede perder el trabajo, provoca una retracción considerable de los niveles de ventas.

4    Brasil
Este es quizás uno de los condimentos más importantes de la crisis automotriz en nuestro país. Brasil esta pasando por un estancamiento de su economía que llevo a una caída de las ventas de autos de un 15%.

5    Caída de las reservas.
Los dólares que se van del país son: en primer lugar por la importación de energía y en segundo por el intercambio deficitario de autos con Brasil y la importación de autopartes. El gobierno tiene la contradicción que para reactivar la industria automotriz debe liberar dólares para la importación, pero está cuidando las reservas.
Las negociaciones de Kixiloff con Brasil no han dado resultados, y los pedidos al gobierno de la eliminación del impuesto no han sido atendidos.

La crisis en la industria automotriz está afectando a unos 12 mil operarios de terminales y fábricas, con suspensiones y licenciamientos parciales, y todo indica que el panorama sería peor en junio y los meses siguientes. Hay suspensiones en las fábricas de Volkswagen, Fiat, Peugeot, Iveco y Renault, y esa reducción en la producción tiene directa incidencia en las autopartistas.

En Buenos Aires, en la planta de General Pacheco de Volkswagen no habrá producción durante los viernes y en la Peugeot en Villa Bosch comenzó el plan de paralización de un turno de producción con 1.200 trabajadores involucrados. En Córdoba en la fábrica de Fiat habrá actividad sólo tres veces por semana, la planta de camiones de Iveco trabajará la mitad de los días y Renault dejará de producir entre uno y dos días por semana. El panorama es similar en las fábricas de motos y cuatriciclos como Yamaha, Cerro Moto y Kymco que trabajan al 50 por ciento de su capacidad instalada.

La crisis involucra también a trabajadores de autopartistas como Gestamp, Rieter y Magna. En el caso de Gestamp, el bajón de producción se concretó en la planta de General Pacheco con la suspensión a 70 operarios y la comisión interna, que no responde al SMATA nacional, mantiene un importante conflicto.

Ante la evidencia de la crisis, el pueblo trabajador resiste.

Primero, rearfirmando la inmediata necesidad de frenar el ajuste salarial que provocan la inflación y la política de paritarias tuteladas. La lucha docente en la provincia de Buenos Aires, que consiguió un triunfo parcial pero significativo, pone sobre la mesa el papel clave de la movilización y la unidad en la acción, y la necesidad de superar la barrera que imponen las burocracias sindicales.

Segundo, ante la desaceleración económica y la alta inflación debemos defender los puestos de trabajo hoy en riesgo así como los ingresos de las familias trabajadoras. Están a la orden del día suspender los despidos, anular el ajuste de los alquileres para viviendas y la ampliación del alcance y urgente actualización del conjunto de los beneficios de la seguridad social (asignaciones familiares, asignación universal, jubilaciones y pensiones).